Días 1 & 2: Barcelona – Tanger MED – Meknes

Posted By spektakl / diciembre, 31, 2011 / 0 comments

Tras un aburrido trayecto en barco de unas 28 horas, llegamos al puerto de Tanger a las 18:30 hora española, 16:30 hora Marroquí. Pese a que ganamos dos horas y en el otro lado del estrecho es más tarde, el sol no se va a mover así que tenemos las mismas horas de luz por delante para llegar a Meknes. No me apetece aventurarme mucho por territorio desconocido de noche a las primeras de cambio, pero no me va a quedar más remedio.

La aduana es muy rápida, todos muy amables y problemas cero. Conseguimos finalizar todos los tramites a eso de las 17:15, por lo que nos queda una hora y cuarto de luz. Nos lanzamos a recorrer los primeros kilómetros por un nuevo país. Siempre me ha parecido algo mágico, esos primeros kilómetros son especiales. Te tienes que adecuar al nuevo formato: arcenes, bordillos, señalización, el asfalto, la conducción, los variopintos seres vivos paseando por la carretera… una mezcla de novedad, máxima atención y curiosidad infinita.

El viento no perdona y empuja la moto con fuerza mientras se pone el sol a nuestra derecha según bajamos hacia Larache. Tenemos gasolina pero prefiero llenar depósito y jerry can por si las moscas, no sea que nos quedemos tirados en media noche sin gasolineras cerca. Así que como que no vemos ninguna gasolinera en nuestro sentido de la autopista durante varios kilómetros, optamos por cruzar la autopista por un paso de peatones subterráneo hasta el lado opuesto, repostar y volver como si no hubiera pasado nada…

Seguimos por la autopista tras esquivar una gallina suicida que se nos cruza por delante y nos pasamos el desvío a la carretera en Larache. ¡Vaaaaya! Paramos a mirar el mapa. La noche ya ha caído y optamos por seguir por autopista hasta Kenitra y luego pillar la nacional. Así sucede.

En Kenitra me adentro por primera vez por una carretera marroquí que no es ni autovía ni autopista. Es noche cerrada, la carretera parece en buen estado pero no me fío. Me pongo detrás de un coche que me va abriendo camino mientras calibro la partida. No paran de hacerme ráfagas los coches, no conseguimos descifrar qué quieren. El coche que me precede desaparece en un desvío y estoy sólo ante el peligro. Con prudencia, seguimos.

Antes de llegar a Sidi Kacem tomamos el desvío hacia Meknes a la derecha. La carretera emperora, pero se deja circular. Los arcenes han desaparecido y queda un carril y medio de ancho entre los dos. Estamos casi solos. Vemos alguna que otra bici, a algún que otro espontáneo sentado en el trigo y perros que nos ladran. En un momento dado, la carretera desaparece. Me vienen recuerdos a la cabeza…

¿Es necesario? ¿De veras, era necesario? Estamos subiendo un puerto de montaña que no es más que la base sobre la que se pavimentará en un futuro. No hay un sólo foco, la única luz la da mi faro. Todo es gravilla y soy extremadamente prudente con la conducción: es la primera vez que llevo paquete y maletas hasta los topes con ruedas mixtas de serie y mi bautizo en estas condiciones está siendo de noche y en Marruecos. Sin querer, agarro fuerte el manillar y empiezo a tensionar músculos. Al poco me aparece el pinchazo en la espalda derecha. Pero si algo nos enseñó el Mongol Rally es a poner buena cara y tener paciencia, así que reducimos velocidad y seguimos poco a poco. Me relajo y al cabo de una hora y unos escasos 30 kilómetros recorridos, el asfalto vuelve. Nos habíamos equivocado de desvío. Habíamos cogido una ruta alternativa a Meknes, por una carreteria sextaria… ¡Aventura nada más comenzar!

Llegamos a Meknes, nos dejamos engullir por el caos controlado de la ciudad, y los locales nos guían hasta el hotel Majestic, donde nos esperan. Aparcamos la moto, subimos a dormir y mañana será otro día. ¡Los primeros 350 km por Marruecos ha sido un curso acelerado para mí!

 

Long Way Round & Long Way Down

Posted By spektakl / agosto, 11, 2011 / 0 comments

Los actores Ewan McGregor y Charlie Boorman realizaron en el verano del 2004 la vuelta al mundo hacia el este en tres meses, a bordo de sus motos BMW junto a Claudio Von Planta como cámara y el equipo de rodaje en un 4×4. Lo documentaron todo en un libro y una excelente serie documental de seis episodios titulada “Long Way Round”, en la que se les puede ver a bordo de sus monturas a través de Ucrania, las imposibles carreteras del desierto Kazajo, la infinita Mongolia, la impresionante e implacable Carretera de los Huesos en Siberia, y a través de la vasta América del Norte después de volar desde Magadan a Anchorage para la última parte de este increíble viaje.

El éxito de la serie y del viaje y su espíritu aventurero les llevó a realizar años más tarde un viaje similar pero de norte a sur: de cabo a cabo, desde lo más alto de Inglaterra (John O’Groats) hasta Ciudad del Cabo, en Suráfrica. Cruzaron Europa, el norte de África, Egipto, Sudán, Etiopía y todo el África meridional hacia la costa atlántica para entrar finalmente a Ciudad del Cabo tres meses después de partir de Escocia. De nuevo, el viaje se convirtió en una excelente serie documental titulada “Long Way Down”.

Web oficial: http://longwayround.com/

   

Desde Aqtobe, Kazakhstan

Posted By spektakl / agosto, 18, 2010 / 0 comments

Creo que nos quedamos en Volgogrado… desde entonces esto ya empieza a ser lo que nos imaginábamos.

Salir de Volgogrado fue relativamente sencillo, pese a que por aquí les cuesta indicar (y no es culpa del idioma, es que se lían con la derecha y la izquierda y el adelante y atrás). Suerte que los carteles de las principales ciudades estan rotulados en inglés debajo. Lo único a comentar de este tramo es el caso omiso que hicimos de un poli que quería pararnos. Hasta luego lucas. Y ahí se quedo, sin sus dolares.

Llegamos a Astrakhan a una hora decente y, antes de la frontera, otro poli nos paró. Nos dijo algo en parruski y nosotros que si Kazajstan p’alli que si no se que… total, que en el tío dijo “si si, priamo” i ale, primera y nos vamos. La frontera estaba a escasos 200 metros. La pasamos a media tarde. En la frontera conocimos a una familia rusa, de Samara, que iban de vacaciones a Atyrau, nuestra próxima ciudad. También a dos camioneros que nos avanzaron un poco como estaban las carreteras. Y una pareja de motoristas, que iban desde la India hasta Europa y se habían encontrado con más gente del rally y estaban flipando. Charlamos un rato sobre el rally, la ruta y todo eso, y nos dijeron también un poco como estaban las carreteras.

En la frontera, por el lado ruso, todo ok, bastante rápido y muy amables. Luego un cacho de tierra de nadie y la frontera kazaja. Ahí ya cambió la cosa. Aunque nos atendieron bien, se les notaba la poca faena y las ganas de rapiñar algo, al final simplemente fue un puntero láser y un estrechón de manos. Nada más salir de la frontera, había algunos locales y cambiamos moneda y hicimos el seguro de conducción kazajo, eso sí, regateando a muerte (a caraperro) y con regalos incluidos: una caja de calculadoras que lo petó. Fué abrirla, y absolutamente todos los allí presentes saltando de alegría. Impresionante…

Se hacía tarde y la idea era llegar a Atyrau. Vimos ya camellos, caballos, etc etc. La carretera y la poca luz hizo que desistieramos, así que dormimos en una gasolinera, no sin antes romper uno de los soportes del cubrecárter. Las carreteras ya empezaban a cambiar…

Al día siguiente seguimos la marcha por una carretera en relativo buen estado hasta Atyrau. Allí fuimos a un taller para que nos soldaran el soporte y, muy amablemente, nos lo hicieron sin coste alguno, ante nuestra sorpresa. Evidentemente, se llevaron un buen par de botellas de vino del Penedès en señal de agradecimiento. Luego fuimos al mercado local de Atyrau a cambiar más dolares por tengues y a comprar un poco de comida. Y a eso del mediodía decidimos partir hacia el próximo destino, donde estamos ahora (Aqtobe), a 600 km de allí. Lo que no teníamos ni idea era de la carretera que se nos venía encima.

La cosa empezó bien, con carretera asfaltada y muy lisa. Luego cambió a “aceptamos lisa”. A 80-90 por hora. Pero de golpe, y en medio de la más absoluta nada… ahí estaban, aparecieron por fin los agujeros. En algunos cabía la furgoneta entera. Entera, medio metro bajo el nivel de la carretera. Y no sólo agujeros: sino que además, jorobas de asfalto hacia arriba (camellos que les llamamos) que, o las esquivas, o te las comes con el cubrecárter. A veces la disposición de los elementos era tal que:

1. Esquivas un agujero por la derecha
2. Te encuentras inmediatamente después un agujero peor a la izquierda
3. Al esquivarlo, te aparece un camello de estos y te lo cruspes cruzando los dedos
4. Cuando lo has pasado, al medio segundo aparece ante ti hay un agujero de lado a lado de la carretera.

A medida que avanza la carretera, esto se hace constante. Y al decir constante me refiero a que, en 50 metros de carretera, tienes una buena colección de agujeros, camellos y desniveles varios para escoger dónde quieres partirte el cubrecárter o romperte la suspensión.

Así que la gente local, resignada ante este hecho, un buen día dijo “me voy por la estepa” y así es: hay caminos a ambos lados a través de la estepa que se han hecho a base de sudar totalmente de la carretera. Caminos de tierra ya compactada, con trozos de arena (casi nos quedamos en una pero ahí el maestro Marc lo salvó como un campeón).

Y creo que no se puede uno hacer a la idea de lo mal que estaba este tramo de carretera hasta que no lo vive en sus carnes. Y cuando digo tramo, digo 300 kilómetros. Eso es lo que va desde La Jonquera hasta Castellón, como quien dice. 300 kilómetros en los que te cruzas con camiones, excavadoras, coches… todos circulan por ahí como pueden, algunos encallan, otros petan ruedas… pero ahí están, como espartanos, supongo que esperando que algún dia el gobierno acabe las dichosas obras que parece que están haciendo para arreglar ese desaguisado postnuclear.

Y en medio de este paisaje lunar, paramos a dormir en un pueblo condenado a sufrir esta carretera por sus dos lados, pues estaba casi en la mitad. Dormimos al lado de un bar, después de tomar algo en éste y de hablar con el dueño del pequeño taller o desguace de al lado sobre la mejor ruta hacia la frontera rusa en Semipalatinsk. Luego le llamaron al móvil y estuvo casi 3 horas llamando y hablando…

Así que hoy nos hemos levantado y nos hemos cruspido los 100 kilómetros restantes de esta “carretera”, con otra rotura de cubrecárter. Lo hemos atado con un par de cuerdas y ahí está, aguantando el percal. Hemos parado en un hotel de Aqtobe y hemos decidido que la ruta que haremos será la ruta norte, porque para bajar a Aral hay otra carretera del estilo… Así que ahora nos espera Karagay, Astana, Pavlodar, Semey, Barnaul y… ¡¡Mongolia!!