Día 4: Erfoud – Merzouga – Taouiz – Erfoud

Posted By spektakl / diciembre, 31, 2011 / 0 comments

Nos levantamos muy pronto con la idea de no achicharranos de camino a Merzouga. Como que dormimos en el mismo sitio otra vez, sacamos las maletas de la moto y vamos más descargados. La idea hoy es visitar la gran duna de Erg Chebbi en Merzouga y hacer una ruta por las dunas.

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Llegamos en un periquete y nos adentramos por uno de los caminos que va hacia la duna. Paseamos un rato por un pequeño conjunto de casas y preguntamos en una empresa de paseo en quads. Pero no nos convencen y acabamos yendo a otra, en Merzouga mismamente. Antes, por eso, llegamos hasta la mismísima arena y “mojamos” la moto un poquito.

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El paseo en quads hasta el oasis es muy entretenido y al final el guía se divierte y todo con nosotros. Estamos a 39 grados a finales de setiembre y nos bebemos un litro del tirón en el oasis con bebida embotellada. De vuelta, el guía deja de apiadarse de nosotros y se marcha zumbando, tenemos que seguirlo a la velocidad de la luz surfeando por las dunas. Me asaltan las dudas acerca de si este tipo de actividades a motor por Erg Chebbi son del agrado tanto del entorno como de la gente que ahí vive… Pero ya es tarde, nosotros ya hemos hecho el guiri un poco.

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Ya de vuelta al asfalto, nos detenemos al margen de la carretera a fotografiar las dunas con tranquilidad… bueno, eso es complicado aquí en Marruecos. En un momento estamos rodeados de amigos que montan la tienda portátil. Les compramos algo después de una amena charla y negociación.

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Luego una pequeña bofetada de humildad: tanta moto trail y tanta rueda especial y aparece este chavalín derrapando por las dunas de esta guisa. Evidentemente, aunque me propone un cambio de moto, no acepto  Guiño

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Salimos luego dirección a Taouiz, el fin de la carretera. Cuando llegamos, simplemente podemos dar la vuelta y volver poque, supuestamente, es un pueblo mitad civil mitad militar, y no podemos entrar en la zona militarizada, según nos comenta un amigo que vigilaba la carretera. Eso sí, si le acompañamos, puede que nos enseñe cosas por la zona prohibida. Unas cuevas, unos caminos, etc. Declinamos el ofrecimiento y desrodamos lo rodado.

Esa tarde la pasamos descansando en la Kasbah y reponiendo fuerzas. La mañana por Merzouga había sido entretenida y el desierto nos había gustado bastante. Al día siguiente tocaba ir volviendo, el ferry salía en tres días pero queríamos volver con tranquilidad para visitar Fes con detenimiento.

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Desde Aqtobe, Kazakhstan

Posted By spektakl / agosto, 18, 2010 / 0 comments

Creo que nos quedamos en Volgogrado… desde entonces esto ya empieza a ser lo que nos imaginábamos.

Salir de Volgogrado fue relativamente sencillo, pese a que por aquí les cuesta indicar (y no es culpa del idioma, es que se lían con la derecha y la izquierda y el adelante y atrás). Suerte que los carteles de las principales ciudades estan rotulados en inglés debajo. Lo único a comentar de este tramo es el caso omiso que hicimos de un poli que quería pararnos. Hasta luego lucas. Y ahí se quedo, sin sus dolares.

Llegamos a Astrakhan a una hora decente y, antes de la frontera, otro poli nos paró. Nos dijo algo en parruski y nosotros que si Kazajstan p’alli que si no se que… total, que en el tío dijo “si si, priamo” i ale, primera y nos vamos. La frontera estaba a escasos 200 metros. La pasamos a media tarde. En la frontera conocimos a una familia rusa, de Samara, que iban de vacaciones a Atyrau, nuestra próxima ciudad. También a dos camioneros que nos avanzaron un poco como estaban las carreteras. Y una pareja de motoristas, que iban desde la India hasta Europa y se habían encontrado con más gente del rally y estaban flipando. Charlamos un rato sobre el rally, la ruta y todo eso, y nos dijeron también un poco como estaban las carreteras.

En la frontera, por el lado ruso, todo ok, bastante rápido y muy amables. Luego un cacho de tierra de nadie y la frontera kazaja. Ahí ya cambió la cosa. Aunque nos atendieron bien, se les notaba la poca faena y las ganas de rapiñar algo, al final simplemente fue un puntero láser y un estrechón de manos. Nada más salir de la frontera, había algunos locales y cambiamos moneda y hicimos el seguro de conducción kazajo, eso sí, regateando a muerte (a caraperro) y con regalos incluidos: una caja de calculadoras que lo petó. Fué abrirla, y absolutamente todos los allí presentes saltando de alegría. Impresionante…

Se hacía tarde y la idea era llegar a Atyrau. Vimos ya camellos, caballos, etc etc. La carretera y la poca luz hizo que desistieramos, así que dormimos en una gasolinera, no sin antes romper uno de los soportes del cubrecárter. Las carreteras ya empezaban a cambiar…

Al día siguiente seguimos la marcha por una carretera en relativo buen estado hasta Atyrau. Allí fuimos a un taller para que nos soldaran el soporte y, muy amablemente, nos lo hicieron sin coste alguno, ante nuestra sorpresa. Evidentemente, se llevaron un buen par de botellas de vino del Penedès en señal de agradecimiento. Luego fuimos al mercado local de Atyrau a cambiar más dolares por tengues y a comprar un poco de comida. Y a eso del mediodía decidimos partir hacia el próximo destino, donde estamos ahora (Aqtobe), a 600 km de allí. Lo que no teníamos ni idea era de la carretera que se nos venía encima.

La cosa empezó bien, con carretera asfaltada y muy lisa. Luego cambió a “aceptamos lisa”. A 80-90 por hora. Pero de golpe, y en medio de la más absoluta nada… ahí estaban, aparecieron por fin los agujeros. En algunos cabía la furgoneta entera. Entera, medio metro bajo el nivel de la carretera. Y no sólo agujeros: sino que además, jorobas de asfalto hacia arriba (camellos que les llamamos) que, o las esquivas, o te las comes con el cubrecárter. A veces la disposición de los elementos era tal que:

1. Esquivas un agujero por la derecha
2. Te encuentras inmediatamente después un agujero peor a la izquierda
3. Al esquivarlo, te aparece un camello de estos y te lo cruspes cruzando los dedos
4. Cuando lo has pasado, al medio segundo aparece ante ti hay un agujero de lado a lado de la carretera.

A medida que avanza la carretera, esto se hace constante. Y al decir constante me refiero a que, en 50 metros de carretera, tienes una buena colección de agujeros, camellos y desniveles varios para escoger dónde quieres partirte el cubrecárter o romperte la suspensión.

Así que la gente local, resignada ante este hecho, un buen día dijo “me voy por la estepa” y así es: hay caminos a ambos lados a través de la estepa que se han hecho a base de sudar totalmente de la carretera. Caminos de tierra ya compactada, con trozos de arena (casi nos quedamos en una pero ahí el maestro Marc lo salvó como un campeón).

Y creo que no se puede uno hacer a la idea de lo mal que estaba este tramo de carretera hasta que no lo vive en sus carnes. Y cuando digo tramo, digo 300 kilómetros. Eso es lo que va desde La Jonquera hasta Castellón, como quien dice. 300 kilómetros en los que te cruzas con camiones, excavadoras, coches… todos circulan por ahí como pueden, algunos encallan, otros petan ruedas… pero ahí están, como espartanos, supongo que esperando que algún dia el gobierno acabe las dichosas obras que parece que están haciendo para arreglar ese desaguisado postnuclear.

Y en medio de este paisaje lunar, paramos a dormir en un pueblo condenado a sufrir esta carretera por sus dos lados, pues estaba casi en la mitad. Dormimos al lado de un bar, después de tomar algo en éste y de hablar con el dueño del pequeño taller o desguace de al lado sobre la mejor ruta hacia la frontera rusa en Semipalatinsk. Luego le llamaron al móvil y estuvo casi 3 horas llamando y hablando…

Así que hoy nos hemos levantado y nos hemos cruspido los 100 kilómetros restantes de esta “carretera”, con otra rotura de cubrecárter. Lo hemos atado con un par de cuerdas y ahí está, aguantando el percal. Hemos parado en un hotel de Aqtobe y hemos decidido que la ruta que haremos será la ruta norte, porque para bajar a Aral hay otra carretera del estilo… Así que ahora nos espera Karagay, Astana, Pavlodar, Semey, Barnaul y… ¡¡Mongolia!!