Día 3: Meknes – Erfoud
Nos levantamos a las siete y poco hora local. El almuerzo en el hotel nos da fuerzas para lanzarnos a explorar Meknes a pié. El guardién se lleva su propinilla por guardar la moto por la noche, o eso espero que haya hecho. Nos adentramos por las calles de Meknes y pronto aparecemos en las cercanias de la Medina. Como no puede ser de otra manera, un local muestra interés por nosotros, nos pregunta de dónde somos, sale la coletilla del Barcelona – Barça, y se nos acopla. Como que ya sé que nos quiere guiar a cambio de cuatro perras, le decimos con educación que no queremos ser guiados, por lo que intenta sacarnos algún compromiso o propina de todas todas. Finalmente se rinde y nos deja en paz. Nos va siguiendo pero vamos a nuestro aire. Paseamos un poco por aquí, por allí, y retomamos el camino del hotel. Nos encontramos a nuestro amigo que vuelve a intentar sacarse unos dirhams pero somos duros de roer. Además, ya sabemos volver solitos al hotel (y no vamos a decirle cuál es, no sea que se plante ahí en la puerta todo el día).
Cargamos la moto y partimos hacia el sur. El norte de Marruecos me resulta familiar, pero a medida que avanzamos hacia el sur el paisaje cambia y me gusta más. En Azrou, el desvío correcto está cortado y nos hacen dar la vuelta por la ciudad. Aparecemos de repente en medio de un mercadillo repleto hasta los topes. En punto muerto y con los piés, voy avanzando mientras esquivamos carros, burros, personas y las mobilettes de turno. Parece que estemos mercadeando en BMW, sólo falta abrir la maleta y poner los melocotones dentro sin bajarse de la moto.
El bosque de cedros aparece tras una pronunciada cuesta en la que nos zampamos la friolera de siete camiones que casi casi caen hacia atrás. Estamos bastante altos y el paisaje alpino es muy bonito. Me va gustando…
Paramos a comer una excelente brocheta de carne en Zaida. Por la tarde seguimos, pasamos Midelt y la cosa empieza a cambiar. Algunas casas de adobe van apareciendo y todo se vuelve más árido. Los primeros cañones y valles rocosos y marrones nos guían hasta el lago antes de Rissani, donde el desierto empieza a mostrarse menos tímidamente. Rissani ya es la primera ciudad que notamos “diferente”, en cuanto a su formato, el movimiento de gentes, sus detalles, su asfalto, etc. Vemos bastante gente bereber.
A medida que se va poniendo el sol nos adentramos en el espectacular valle del Ziz, con sus palmerales arropados por los acantilados rocosos. La carretera es un paseo repleto de gente, burros y bicicletas. Va en aumento a medida que nos acercamos a nuestro destino de hoy, Erfoud, donde encontramos una Kasbah que por 60 EUR nos da alojamiento para dos noches. No nos podemos creer lo que vemos: piscina, habitaciones de lujo, aire acondicionado, media pensión… ¿todo esto por 60 EUR? ¿Dónde hay que firmar? No nos damos cuenta y ya hemos firmado. Nos vamos a dormir y ya tenemos bastante claro que mañana, aparte de visitar las dunas, nos pegaremos una tarde de descanso puro y duro en la Kasbah. La tensión del primer día me está pasando factura y los 450 km de hoy han sido duros físicamente…
Días 1 & 2: Barcelona – Tanger MED – Meknes
Tras un aburrido trayecto en barco de unas 28 horas, llegamos al puerto de Tanger a las 18:30 hora española, 16:30 hora Marroquí. Pese a que ganamos dos horas y en el otro lado del estrecho es más tarde, el sol no se va a mover así que tenemos las mismas horas de luz por delante para llegar a Meknes. No me apetece aventurarme mucho por territorio desconocido de noche a las primeras de cambio, pero no me va a quedar más remedio.
La aduana es muy rápida, todos muy amables y problemas cero. Conseguimos finalizar todos los tramites a eso de las 17:15, por lo que nos queda una hora y cuarto de luz. Nos lanzamos a recorrer los primeros kilómetros por un nuevo país. Siempre me ha parecido algo mágico, esos primeros kilómetros son especiales. Te tienes que adecuar al nuevo formato: arcenes, bordillos, señalización, el asfalto, la conducción, los variopintos seres vivos paseando por la carretera… una mezcla de novedad, máxima atención y curiosidad infinita.
El viento no perdona y empuja la moto con fuerza mientras se pone el sol a nuestra derecha según bajamos hacia Larache. Tenemos gasolina pero prefiero llenar depósito y jerry can por si las moscas, no sea que nos quedemos tirados en media noche sin gasolineras cerca. Así que como que no vemos ninguna gasolinera en nuestro sentido de la autopista durante varios kilómetros, optamos por cruzar la autopista por un paso de peatones subterráneo hasta el lado opuesto, repostar y volver como si no hubiera pasado nada…
Seguimos por la autopista tras esquivar una gallina suicida que se nos cruza por delante y nos pasamos el desvío a la carretera en Larache. ¡Vaaaaya! Paramos a mirar el mapa. La noche ya ha caído y optamos por seguir por autopista hasta Kenitra y luego pillar la nacional. Así sucede.
En Kenitra me adentro por primera vez por una carretera marroquí que no es ni autovía ni autopista. Es noche cerrada, la carretera parece en buen estado pero no me fío. Me pongo detrás de un coche que me va abriendo camino mientras calibro la partida. No paran de hacerme ráfagas los coches, no conseguimos descifrar qué quieren. El coche que me precede desaparece en un desvío y estoy sólo ante el peligro. Con prudencia, seguimos.
Antes de llegar a Sidi Kacem tomamos el desvío hacia Meknes a la derecha. La carretera emperora, pero se deja circular. Los arcenes han desaparecido y queda un carril y medio de ancho entre los dos. Estamos casi solos. Vemos alguna que otra bici, a algún que otro espontáneo sentado en el trigo y perros que nos ladran. En un momento dado, la carretera desaparece. Me vienen recuerdos a la cabeza…
¿Es necesario? ¿De veras, era necesario? Estamos subiendo un puerto de montaña que no es más que la base sobre la que se pavimentará en un futuro. No hay un sólo foco, la única luz la da mi faro. Todo es gravilla y soy extremadamente prudente con la conducción: es la primera vez que llevo paquete y maletas hasta los topes con ruedas mixtas de serie y mi bautizo en estas condiciones está siendo de noche y en Marruecos. Sin querer, agarro fuerte el manillar y empiezo a tensionar músculos. Al poco me aparece el pinchazo en la espalda derecha. Pero si algo nos enseñó el Mongol Rally es a poner buena cara y tener paciencia, así que reducimos velocidad y seguimos poco a poco. Me relajo y al cabo de una hora y unos escasos 30 kilómetros recorridos, el asfalto vuelve. Nos habíamos equivocado de desvío. Habíamos cogido una ruta alternativa a Meknes, por una carreteria sextaria… ¡Aventura nada más comenzar!
Llegamos a Meknes, nos dejamos engullir por el caos controlado de la ciudad, y los locales nos guían hasta el hotel Majestic, donde nos esperan. Aparcamos la moto, subimos a dormir y mañana será otro día. ¡Los primeros 350 km por Marruecos ha sido un curso acelerado para mí!

Mitad del viaje
Ante todo, tened en cuenta que escribimos desde un mobil. Se nos perdonen los gazapos, cosas de tener los dedos morcillones.
El lunes llegamos a Tanger a las 18:30 hora española, aqui eran las 16:30. Cruzas el estrecho y ganas dos horas, pero el sol no se mueve, asi que despues de 45 minutos en la frontera, se nos escapa el sol.
Tomamos la autopista hacia Rabat y nos pasamos de Larache, asi que mas vuelta con menos gasolina. Como que las gasolineras parecen estar sólo en sentido contrario, ideamos un curioso método para cruzar la autopista que, si eso, explicaremos en persona
Con gasolina, seguimos hacia el sur esquivando una gallina suicida que cruza la autopista. Finalmente, ya de noche, seguimos por carretera, en buen estado.
El cartel indica Meknes, nuestro destino, hacia la derecha. Para ahi que vamos. Pero la carretera se acaba. Nos vienen recuerdos a la cabeza. Es necesario? En serio? Es de noche, hay 50 km de pista por delante y tenemos que llegar, porque nos espera un colchón. Lentos, pero llegamos.
Meknes la visitamos por la mañana y nos lanzamos a la odisea de llegar a Merzouga. Pasamos Midelt, Azrou, el medio Atlas, y aterrizamos en el desierto en Errachidia. En Erfoud encontramos una kasbah con un precio de puta madre, asi que reservamos para dos noches. Merzouga y la gran duna estan a “sólo” 60 km.
Y aqui estamos, tras pasar la mañana en la gran duna y visitando la región bereber de alrededor. Fotos y video a la vuelta.
Mañana, Fes. Saludos!













