Policia, policia…

Estamos en Barnaul, en el Oblast de Altai, en Rusia, en Siberia, a tomar pol saco, vamos. Nos quedan unos 850 km hasta la frontera mongola, donde nos ha dicho la organización del rally por email que hay colas de hasta dos o tres dias, porque tienen que contrastar los datos de los coches con Ulan Bator via Internet y allí la conexión se va y se viene todo el rato. Lo que haremos es lo que nos ha recomendad: cargar agua y comida para un regimiento y sonreír en la frontera, que es la clave (comprobado) para pasar sin problemas.
Ayer saliendo de Astana nos querían parar en un control policial (no un coche parado en el arcén, sino una torreta con polis), pero volvimos a irnos. Esta mañana, en Semey (que es una ratonera y está plagada de policías), otros polis nos han indicado tarde y mal que parásemos y, para cuando los hemos visto, ya los habíamos pasado, así que hemos seguido el protocolo habitual: adiós muy buenas. El problema ha sido que, mientras repostábamos en una gasolinera cercana, han aparecido allí con un coche de un amigo (no uno de poli), donde iban el amigo en cuestión y dos de ellos. Han plantado el coche enfrente del nuestro y ale, ya la tenemos liada. Se les han convertido los ojos en dólares. Así que nada: machina documenti (o el pasaporte del car, como dicen otros). Le hemos dado todo, les hemos dicho que nos dejasen repostar, y nos han dicho que ok. Anda que… si es que no saben ni intimidar. Así que hemos repostado, el amigo “secreta” se ha ido, y luego ha venido el coche de policía oficial, digamos, el que va pintado de azul y blanco y lleva luces arriba, y nos ha indicado que hemos excedido en 12km/h un control de velocidad. Nuestra respuesta: en un papel hemos escrito $. No ha tardado en escribir ellos 100. Así que ya entre risas y Ispania, Barcelona, fútbol, world champion, etc. hemos ido al coche a buscar 51 dólares y lo que nos quedaba suelto de tengues kazajos (porque ya nos íbamos del país y era muy muy poco) y nos los han hecho poner bajo la funda del asiento. Y adiós muy buenas.

Luego nos los hemos encontrado mientras intentábamos salir de la putrefacta Semey y ¡que risa! Nos indicaban para cualquier sitio con tal de que nos largásemos ya de allí, no sea caso que se destapase el soborno. En fin…
En la frontera con Rusia nos hemos encontrado a dos coches del Mongol Rally. Por fin! Eran tres chicas y dos chicos canadienses e ingleses. Tenían previsto tirar millas para Mongolia rápido, porque hay pollo en la frontera. Nosotros hemos parado en Barnaul a dormir, mañana día de tranquis por aquí, empezar a ir tirando y entre mañana y el miércoles tarde, llegar a Mongolia disfrutando de las montañas de Altai, que se ve que lo petan.
Por cierto, la baca de la Mongoleta la dejamos en Ucraina, junto con un bidón. Para optimizar, y no gastar tanto. Y de momento llevamos unos 4.000 km con el cubrecárter cogido con dos cuerdas que había en la Mongoleta el día que la compramos. Lu nostre.
Hasta la próxima.
Volgogrado, Rusia

Hoy es domingo 15 de agosto de 2010. Estamos en Volgograd, en el Lite Hotel, pasando tres pueblos de salir afuera porque nos cocemos. Hace un calor de mil demonios y no hacemos otra cosa que conducir y beber agua, así que hoy toca pausa. Llevamos ya 4.500 km y subiendo.

Las carreteras ucranianas van a ratos, pero en su mayoría están relativamente mal. Tienes que ir con mil ojos porque salen agujeros y rebabas de asfalto fundido y moldeado. Hemos tocado con el cubrecárter en muchas de ellas. El cubrecárter es un campeón. Dos días para cruzar Ucrania y apurados. Lo bueno fué que llegamos a la frontera rusa de noche, a las 20:00 aproximadamente, y no pegaba la solana (ya era de noche), no había nadie y, de esta manera, pudimos pasar en apenas una hora.

Primero tocaba sacarse la carta verde para el coche, ya que la carta verde del seguro actual no cubre el territorio de la antigua URSS. Así que le compramos a Alexei, un agente que había ahí, el seguro este, regateando, chaporreando en angloruso y oliendo el alcohol destilado que escupía. Al final la cosa salió un poco carilla para lo que es pero le mangamos el cargador de Nokia, que a Marc le quitaron en el hotel. No hay mal que por bien no venga, tu.
Luego registro del coche en la parte Ucraniana de la frontera, a base de soborno. 20 dólares y p’alante, algunas risas y mucho cachondeo por parte de ellos. Nosotros, siguiendo el juego y au, a por otra cosa. Luego, hacia la rusa: carta de inmigración y control de cosas, esta vez nada de sobornos, todo normal. Vaciamos la Mongoleta, miraron todo, y nada, todo ok. Tuvimos que hacer la carta donde indicábamos lo que llevamos, el tipo de coche y esas cosas, no sin algún que otro problemilla (la tuvimos que rellenar 4 veces, por errores nuestros y de los agentes). Y ya esta, frontera pasada. Mañana intentaremos también pasar la frontera kazaja de noche, porque no te achicharras y además no hay nadie.
Hemos dormido a pié de carretera en un parking de un bar y de buena mañana, sin tener ni idea de ruso, cirílico, sin tener un sólo rublo y con un cuarto de depósito de gasolina, hemos conseguido salir dirección Volgogrado sin perdernos, preguntando porai. Aquí nada de tarjetas de crédito, ni euros, ni dolares, ni nada. Todo rublos. Por suerte en una gasolinera una señora nos ha permitido pagar con VISA, pero no después de parar en 4 o 5 gasolineras. En una de ellas, una chica nos ha dicho que dólares ok, pero su padre ha dicho que nanai, así que nos hemos ido.
Al cabo de un rato aparece la chica con un coche, pitándonos, y nos dice que la sigamos. Nos ha llevado al mercado local, donde ha llamado al colega de turno que nos ha cambiado dólares a rublos así un poco a bulto, porque la oficina hoy estaba cerrada. Mientras yo (Ignasi) cambiaba, Marc se ha esperado en la Mongoleta, en la puerta del mercado, y el chico del puesto de bebidas de la puerta le ha invitado a una botella entera de una especie de zumo de manzana con alcohol y a una cerveza rara. Total, que al salir yo me lo encuentro con todo eso ahí
Finalmente un colega de la chica nos ha guiado hasta la salida dirección Volgogrado. Muy amables todos en general, y además, pese a la cara de mala leche que gastan, sonríen bastante.


De camino a Volgogrado, un Lada quería girar a un camino a la izquierda, Marc pensaba que quería adelantar y como que no lo hacía, empezamos a adelantar nosotros, pero sorpresa, el tío frena porque iba pa’l camino, así que una de dos: o nos lo comíamos o arcén terruno. Resultado: arcén terruno, Sega Rally, contravolante y ay tu pelo. Todo ok, afortunadamente. Luego nos hemos encontrado al tío que iba en el coche de detrás nuestro, en un chiringuito de carretera, y nos ha dado la mano. Cosas de la carretera, pero todo ok.

Y aquí estamos, en el Lite Hotel de Volgogrado, pasando tres pueblos de salir al horno. Mañana será otro día!
Mongoleta a tope, no se queja, ¡todo ok!






